Albarín ¿Por qué no?

Hace escasas fechas alternaba en un par de establecimientos de una villa marinera y fronteriza del norte de España. En ambos se ofrecían una treintena de vinos por copa, anunciándose en carta o pizarra el nombre del vino, la D.O. y la uva de elaboración. Pude observar entre tanta variedad, Godello y Mencía del Bierzo, lo cual no sorprende, así como la ausencia de Albarín o Prieto Picudo, situación que es una constante.

Recientemente se editó por el periódico ABC el suplemento “Guía Vino 2020”, con cientos de referencias, dentro de ellas 16 del Bierzo y sólo 1 de D.O. León, en este caso, rosado.

En la mayor tienda de vino de España, Lavinia, con una facturación anual del grupo de 35 millones de Euros, podemos encontrar una selección de Bierzo, incluso se ofrece uno de ellos en primeur, junto con grandes como Artadi o Pingus. Sólo un vino D.O. León, también un rosado.

Más preocupante es el catálogo 2019 de la barcelonesa Vila Viniteca, 3000 referencias y con una selección de Bierzo realmente envidiable, verticales de La Faraona, nuestro único vino 100 puntos Parker (The Wine Advocate), así como diversos formatos de otros vinos (3/8, Mágnum, doble Mágnum, Jeroboam…). D.O. León, ni un solo vino. Eso sí, un Albarín asturiano.

Es difícil encontrar restaurantes de estrella Michelin en España que no tengan Bierzo, me atrevo a decir que imposible. Incluso en el extranjero he visto Bierzo en multitud de cartas de restaurantes estrellados y en tiendas de primerísimo nivel. Harrods en Londres, Julius Meinl en Viena, KDW en Berlín, Globus en Basilea, Stockmann en Helsinki, Vintry Fine Wines en Nueva York o El Palacio de Hierro y La Europea en Ciudad de México, son sólo unos pocos ejemplos. Pero D.O. León, ni lo busquen. Aunque hay excepciones, Berasategui tiene en Lasarte uno en carta y Gastón Acurio también en Lima. Ultramarinos Coliseo en Ciudad de México rosado y tinto.

Blancomantico

Siendo cierto que nos encontramos ante una pequeña, en tamaño, zona vinícola y que la competencia entre las 90 D.O. españolas es enorme, lo realmente frustrante es que aunque el Prieto Picudo rosado goza de reconocimiento en León y en zonas de Asturias donde veranean leoneses, la Albarín es desconocida por consumidores y lo que es más grave, por los propios hosteleros. No es la primera vez que me ponen un Albariño ¡Como si fuese lo mismo! Si los propios leoneses desconocemos lo que tenemos, ¿qué esperamos que se venda fuera?

Las bondades de nuestros rosados de Prieto Picudo, especialmente en cuanto a los elaborados mediante la técnica del madreo (pero de verdad), los hace poder competir con cualquier vino español y ser merecedores de una presencia mayor de la que tienen, sin embargo creo que la uva Albarín puede tener un futuro especial, ya que algo se mueve en el mundo del vino blanco buscando algo diferente y con mayor valor añadido, ya que el consumidor español empieza a estar dispuesto, como en otros países desarrollados, a rascarse el bolsillo no solo con un tinto.

El universo vinícola español se muestra día a día más dinámico, asistiendo a una recuperación de uvas autóctonas o nuevas variedades, poniendo de manifiesto la existencia de un potencial mercado para productos premium.

Así, recientemente la D.O. Ribera del Duero ha modificado su normativa para incorporar vinos blancos, en concreto, elaborados con la autóctona Albillo Mayor. Ya veremos el año que viene los primeros con contraetiqueta. Esta uva ya se utilizaba para producir blancos identificados como Vinos de Mesa o con la Indicación Geográfica Vino de la Tierra de Castilla y León, especialmente con paso por madera, lías incluidas y precios superiores a los 15 Euros e incluso pasando de 50 Euros. Hasta ahora se utilizaban en algunos casos dentro de la D.O. para complementar con un 3-5% a la tempranillo, como hacen en el Ródano con la Roussanne o la Marsanne añadida a una Syrah, especialmente en las A.O.C. Saint Joseph y Crozes-Hermitage.

En Rioja están apostando cada vez más por la autóctona Maturana para la elaboración de blancos, incluida hace 10 años dentro de las castas autorizadas por la D.O.C. y con precios superiores a las elaboraciones más frecuentes.

Incluso la D.O. Rueda ha aprobado la incorporación de nuevas variedades como las blancas Viognier o Chardonnay. También ha creado una contraetiqueta nueva, “Gran Vino Rueda” para los mejores vinos elaborados con uvas procedentes de viñedos de más de 30 años de antigüedad.

Todo esto hace pensar que no debemos perder el tren de la revolución silenciosa dentro de las uvas blancas. Y en ese sentido algo se está notando en el Consejo Regulador de la D.O. León en cuanto a promoción, pero queda una larga tarea por delante. Ya apuntaba el Presidente de la D.O. en el suplemento del Diario de León “Prieto y Mencía. Guía de Vinos 2020”, el desconocimiento del consumidor en términos generales y el desinterés de la hostelería, ya que resulta mejor comercialmente hablando seguir vendiendo el verdejo que viene de fuera y que tiene unos márgenes más ventajosos, pero cuya calidad no es la misma. Y no le falta razón, puede constatarse que la inmensa mayoría de los consumidores de vino blanco no piden marca, sino simplemente un verdejo, que normalmente no sólo es foráneo sino de una calidad inversamente proporcional al volumen de la tapa, al igual que la calidad de esta última es inversamente proporcional a su peso.

En esa tesitura y con una tendencia clara en los últimos años en dar un vino con la tapa en vez de este acompañamiento con la consumición, como era tradicional, es difícil convencer al hostelero, pero el consumidor sí puede y debe exigir.

La producción de uva Albarín es la gran apuesta de los viticultores y bodegueros. En 2019 se cosecharon 323 mil kg, que ya representan el 9,29% del total de la D.O. Puestos a diferenciar, por qué no embotellar en formato Rhin, como los Riesling de ambos lados del mismo río, en Alsacia o en Rheingau. Recientemente he probado un más que aceptable Albarín fermentado en barrica y embotellado en este formato.

Diputación y Junta deben hacer un esfuerzo de promoción. No hay nada mejor para fijar población en el mundo rural que lo relacionado con la gastronomía y, en este caso, especialmente con el mundo del vino, llevándonos también a otras actividades relacionadas como el enoturismo de calidad. Baste decir que 2 de los 4 restaurantes estrella Michelin de Valladolid están en plena milla de oro de la Ribera del Duero, en hoteles de 5 estrellas pertenecientes a dos reconocidas bodegas. Da sana envidia ver como la Xunta de Galicia se gasta el dinero en que todas las D.O. gallegas tengan su semana en Lavinia de la calle Ortega y Gasset de Madrid, lugar donde si no estás, simplemente no existes.

No soy partidario de consumir nuestros productos solo porque sean nuestros, puesto que tener un mercado cautivo desincentiva mejorarlos. Debemos consumirlos porque sean buenos. Y sobre todo contarlo a los demás y que el consumidor, local o visitante, se convierta en prescriptor de sus bondades. En este caso, no hay duda.

Yawar Nazir Alonso
Vocal de la Academia Leonesa de Gastronomía

Fuente de las imágenes: La Leonesa, Pardevalles, Palomares.

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